Octubre   2011  

                     Oliva, Agosto 1999    

      

 

TERAPIA CON ANIMALES II

 

 

En el número anterior de Canagua publiqué un artículo acerca de mi propia experiencia con Oliva. Me parece interesantísima esta forma de terapia, la ayuda que los animales y en especial los perros pueden prestarnos a los humanos en determinadas enfermedades tanto físicas como las denominadas "del alma". No en vano la raza que cuidamos y criamos: el Perro de Agua Español es una de las más polifacéticas que se pueden encontrar, ello unido al enorme apego que sienten por sus dueños ya que son perros utilizados tradicionalmente como pastores o ayudantes en tareas diversas, los hace aún más predispuestos a aprender de qué modo agradar a su jefe. Basándome en las cualidades generales que cualquier cánido puede tener y especialmente en la idiosincrasia de esta raza que no termina de admirarme, estoy segura de que dentro de poco tiempo se constituirá en una de las ayudas más apreciadas para el apoyo de ciertas enfermedades.


 

Tuve noticias del caso de Fina y me puse en contacto con ella interesándome por sus circunstancias y por el proceso que había vivido junto a su perra Tara. Fina accedió amablemente a narrarme lo ocurrido y me capacitó para exponerlo en nuestra revista. Lo hacemos, tanto ella como yo, pensando que esta narración pueda servir de ayuda a cualquier persona que pase por un trance semejante.

Y yo, particularmente, esperando que sirva de divulgación como una muestra más del camino hacia la curación o mejora de calidad de vida mediante una forma de terapia en la que tengo grandes esperanzas.


Todo comenzó con un revés de esos que la vida suele dar y que nos deja sin capacidad de reacción: Fina perdió a sus padres y a su abuela en el transcurso de dos años y medio. El golpe fue tremendo y el vacío que sintió no era capaz de llenarlo, a pesar de estar felizmente casada y de tener dos maravillosos hijos de 14 y 11 años.   

El médico le diagnosticó depresión bipolar con trastornos depresivos alternados con ansiedad. Todo ello se traducía en una tristeza profunda, incapacidad de llevar una vida normal, incapacidad de dormir por las noches, tremendos dolores de espalda y dolores musculares en la cintura producidos por los nervios, trastornos en la alimentación etc...

 

Fina tenia un perro de raza pequeña en casa, pero su marido sabía que ella siempre había deseado tener un Perro de Agua y decidió que era el momento de comprar uno. Ella al principio le dijo que no, que dos perros darían mucho trabajo, pero él no cejó en su intento (quizá intuía que podía ser de utilidad ese animal), empezó a buscar cachorros hasta que encontró una hembrita.

 

Fina no estaba convencida y accedió a regañadientes a que el nuevo animal entrara en casa. Dice que una semana antes de ir a a buscarla ya estaba nerviosa, seguramente, pienso yo, por la responsabilidad que se le venía encima. Sin embargo nada más verla se enamoró de ella. Era una bolita, un peluche. Fina se tomó muy en serio la educación de Tara, la sacaba a menudo durante el día para que se acostumbrase a hacer sus necesidades fuera de casa. Esto que puede parecer una tarea pesada terminó siendo un aliciente para salir y para conocer y hablar con otras personas que paseaban a sus perros..

 

Me contaba Fina que ella cree que esa era precisamente una de las cosas que ella necesitaba: salir y relacionarse. Decía Fina que sus amigas no entendían lo que le sucedía y le comentaban "estás loca, con dos perros", a lo que ella contestaba: -Estoy feliz, no sabéis lo que me he reído con Tara, con sus saltos de rana, con los juegos que practica con Tomi (le quita la pelota de la boca y hace que le persiga por la casa y cuando Tomi se cansa, ella la deja en el suelo para que él la coja y cuando el animal va a cogerla ella lo engaña y la coge otra vez y vuelta a empezar).

 

Si dormía la siesta y pasaba de media hora Tara le lamía el rostro para ver si despertaba lloriqueando en busca de la atención de su dueña. De igual manera, desde que Tara llegó Fina y su familia aprovechan los fines de semana que pueden y cuando el tiempo lo permite para ir a la playa y gozar todos del baño junto a la entrañable lanuda.

 

Fina ha encontrado un fuerte apoyo en su perra, ha volcado en ella sus angustias , y gracias a ese animal consigue reír y disfrutar de la vida . Es cierto que no olvida a sus seres queridos, sus padres y su abuela permanecerán para siempre en la memoria de Fina, pero eso no impide que ella haya aprendido a gozar de todo lo que la vida le brinda, y especialmente su familia.

 

Ya no toma pastillas, no las necesita, y después de mi comunicación con ella estoy segura que su recuperación va hacia arriba. Fina ha encontrado el camino y Tara ha sido su apoyo, su luz. Yo me alegro mucho de que sea así y desde aquí le envio un beso de todo corazón.

 

Lola Morales Ortega. Publicado en la revista Canagua. año 2005