Lola Morales Ortega
Publicado en la revista Canagua nº 9.
VIDA DE PERROS
Anécdotas y curiosidades

Una tarde de tertulia oí narrar la historia de Chichi, un Perro de Agua singular.
Manolo, gran observador, sabe muchos relatos que ha escuchado a los mayores desde que él era muy pequeño y siempre resulta ameno escucharlo. Hace poco tiempo, una tarde del mes de marzo estando sentados frente a frente en la tienda de mi madre preguntó por mi perra Oliva y le contesté que acababa de tener prole.
¿Tu conoces la historia de Chichi?.-Preguntó él.
-No.-Contesté intrigada. Y Manolo se sonrió acomodándose en el sillón frailero antes de proseguir:
-Mira Loli (así me llama él), ese perro era muy famoso.
-¿de cuándo me hablas?.-Pregunté para situarme en el tiempo, dispuesta a empaparme de los avatares de Chichi.
-Bueno, en realidad yo oí contar la historia cuando era pequeño a una mujer que tabajaba en mi casa y se llamaba Antonia. Entonces, Antonia ya era bastante mayor y decía que su madre, que se llamó Encarnación y vivió a finales del Siglo XIX, tuvo un Perro de Agua, un Turco Andaluz al que le puso Chichi.
Corrian los años 1880 o 1890 y para su familia no eran prósperos, solían pasar rachas de apuros económicos porque el trabajo escaseaba. Chichi deambulaba libre por la casa y era cariñoso con todos, pero tenía especial debilidad por su ama Encarnación.
Sin embargo, había en el comportamento de Chichi un misterio que pocos explicaban: Una mañana de tremenda escasez, Encarnación se levantó y revisó los anaqueles vacíos de la alacena, la peocupación nublaba su semblante e incapaz de encontrar solución a la penuria económica, al menos encontró consuelo en Chichi contándole sus desventuras. Se dirigió el perro y abrumada por la realidad le hizo partícipe de ésta diciéndole:
-Ay Chichi, ¿qué vamos a hacer?, si no queda nada en la alacena y no tenemos dinero pasaremos el día sin comer; ¿cómo podría yo conseguir dinero para hacerle un guisote a los niños?.
Chichi permanecía sentado frente a ella con la cabeza erguida ladeándola a medida que su ama hablaba, mirándola fijamente en actitud de absoluta y exclusiva atención. Y cuando Encarnación terminaba la perorata sumiéndose en las labores caseras cabizbaja y preocupada, Chichi desaparecía de la vista de todos. Salía de la casa y emprendía veloz carrera sin titubear como si fuese a un recado urgente encomendado por la persona más importante de su corazón.
Al principio nadie reparaba en las escapadas de Chichi porque tenía libertad para entrar y salir de la casa, una casa muy humilde en un barrio popular, como era Triana, donde no resultaba raro dejar las puertas abiertas.
Sin embargo, la sorpresa de Encarnación fué grande cuando al volver Chichi de su excursión fué a buscarla hasta encontrarse frente a ella. Encarnación lo miró y se percató de que llevaba la boca cerrada, entonces el perro abrió la mandíbula y soltó unas monedas a los pies de su dueña.
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Pero no quedó aquello en una mera anécdota sino que la situación volvía a repetirse cada vez que la comida escaseaba en la casa de Encarnación y ésta se lamentaba a su querido perro confesándole sus tristezas. |
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-Y eso sí que era misterioso.-Contaba Manolo que dijo Antonia -, porque mira que Chichi tenía hambre el pobrecito. Te puedes imaginar que si nosotros pasábamos entrecheces el perro más. Por eso a mí lo que me impresionaba es que el pobre Chichi, muerto de hambre como estaba, ni siquiera le dió un bocado al bacalao ni al pan, sino que le presentó los pedazos enteritos a mi madre.
-¿Y nadie sabía de dónde sacaba el dinero?.-Pregunté a Manolo.
-No, porque decía Antonia que el perro salía de casa como una bala y no había quien lo siguiera, se metía por las callejuelas haciendo quiebros y desaparecía. Pero ella sospechaba, estaba casi segura, que Chichi iba al mercado de abastos y allí cogía las monedas porque entonces había unos hombres que vendían melones y sandías en el suelo y el dinero que iban cobrando lo echaban en un lebrillo junto a ellos. Chichi, que era muy astuto, esperaría que hubiese un poco de bulla y se acercaría al puesto por atrás hasta llegar al lebrillo, aprovecharía un despiste y !zas¡, saldría pitando. Y claro, decía Antonia que se explicaban lo del bacalao y lo del pan imaginando que se trataría de un día en que el de los melones y las sandías no había ido al mercado.
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Dolmen de La Voz de su Amo |
ARBA Ch Divisa de la Voz de su Amo |
-¿Y sabes lo que decía Antonia?.-Prosiguió Manolo.-
Pues que todos se preguntaban cómo era posible que un perro fuese tan inteligente y sin embargo, a ella no le impresionaba en absoluto las artimañas que tuviera que inventar el chucho para coger el dinero y lo demás, no. A ella lo que le dejaba boquiabierta era comprobar que Chichi escuchaba la explicaciones de su madre y no sólo las entendía sino además improvisaba y decidía.
Esta es la entrañable historia de Chichi, un ladronzuelo por amor.
Confidencias
(Jícara y Zambra de Kaifer)



